• Josu Cantu

Reseña The Queen's Gambit

Menos es más.

Cuando empiezas a ver The Queen’s Gambit, vas a ver un texto que dice “Limited Series” o “Miniserie”. Es raro ver algo así en Netflix, plataforma conocida por extender sus producciones a mínimo dos temporadas (y recientemente por cancelarlas después de dos temporadas también). Esa etiqueta es probablemente lo mejor de esta serie, y no lo digo de manera negativa, y tranquilo, de que no voy a tener que ver más de esta historia de ajedrez. No, The Queen’s Gambit es una de las mejores series de este año.

¿Quién diría que una serie sobre ajedrez cautivaría a tantas personas por sus momentos de elegancia, emoción, y tensión? Pero aun así no tienes que saber sobre el juego para entender lo que está pasando. Al principio del viaje, Beth Harmon (Anya Taylor-Joy) tampoco sabía de la existencia del tablero, pero recién llega a un orfanato y descubre que tiene una gran fascinación hacia el juego. Cuando termina siendo adoptada unos años después, se le abren las puertas al mundo, pero Beth no ha olvidado el ajedrez y ella lo ve como una oportunidad de maximizar su potencial. Ahí es donde empieza su carrera.

The Queen’s Gambit más que una historia cliché de una deportista, es una centrada en su personaje, con un talento nato para el juego, y lo que esto te puede traer a tu vida. Tanto lo bueno como lo malo es explorado. Su ascenso a la fama en el mundo del ajedrez puede sentirse un poco familiar a otras producciones centradas en deportistas, pero es refrescante ver algo nuevo que no es futbol o baseball. La atención a detalle es importante aquí, pues cuidan no exagerar el estrellato de sus jugadores profesionales. Incluso en un momento Benny Watts (Thomas Brodie-Sangster) se queja sobre el trato que les dan, poniéndolos a jugar en una “universidad de segunda”.

Esto no quiere decir que el glamour de la fama no esté presente. Con una mamá adoptiva un tanto ambiciosa, y recuerdos de la escuela que la persiguen, Beth recibe con brazos abiertos un nuevo estilo de vida que ganar torneos le ha permitido. Esto da para una cinematografía y diseño de producción tan elegantes como lo es el juego de ajedrez. Esto, junto a un diseño de vestuario increíble en cada escena en la que vemos a Anya Taylor-Joy, es un deleite a lo largo de sus siete episodios.

Y hablando de Taylor-Joy, vamos dándole de una vez su nominación a los Emmys y Globos de Oro del próximo año. Si, The Queen’s Gambit es una serie que, en lo técnico, es casi perfecta, pero nada de esto tendría importancia si la actuación de nuestra protagonista no hubiera sido tan buena como lo fue. No sé si alguien más pudiera haber hecho un igual o mejor papel como Beth Harmon, pero tampoco necesito ni quiero imaginarlo.

Taylor-Joy da una actuación fantástica, mostrándonos las dos caras de la moneda que vienen con la fama y el talento. En el tablero se maneja con compostura y elegancia, pero detrás de los reflectores vemos un lado más oscuro de un personaje que siente la necesidad de mostrar su fuerza mediante su soledad. Ella sabe que es la mejor en lo que hace, y no necesita a nadie más para probarlo. Pero cuando menos te das cuenta, esa soledad te alcanza, y aquí es donde vemos también que The Queen’s Gambit es una historia de amistad. Una historia que nos recuerda como por más que creamos nadie te puede ayudar si ya eres la mejor, a veces el apoyo de nuestras amistades se recibe de otras maneras. Hasta Serena Williams tiene a un entrenador.

No quiero terminar sin antes dar una mención especial a la banda sonora de Carlos Rafael Rivera. Uno pensaría que ver juegos de ajedrez puede ser aburrido o cansado después de unos episodios, pero la música le da un toque especial para elevar la tensión y las emociones en cada una de las partidas. Aunque quizá hubiera estado bien sin las narraciones que en momentos me sacaban del juego, pero tal vez eso ya es un pequeño capricho mío.

The Queen’s Gambit es una serie con mucho que desenvolver. Anya Taylor-Joy se roba por completo todas sus escenas y nos regala uno de los personajes más memorables del año y probablemente de toda la plataforma de streaming. De esos que seguirán usando en sus promocionales durante años. Pero no es una serie de ajedrez y ya, es una serie que trata y balancea a la perfección diferentes temáticas todo dentro de siete capítulos. Cada escena y cada decisión es tomada con precisión, pues saben que no tienen mucho para contarnos una historia completa. Hacen falta más miniseries como estas, que saben cuándo y como cerrar, sin tener que vivir con el miedo de ser canceladas sin dar conclusión alguna.