• Josu Cantu

Retroreseña X-Men

20 años después, volvemos a la película que redefinió las películas de cómics


Cuando hablamos de las películas de cómics que abrieron las puertas para lo que tenemos hoy en día, muchas veces pensamos primero en la trilogía de Spider-Man de Sam Raimi, o la primera película de Iron Man en el 2008. La verdad es que al ser personajes que no han recibido el mejor trato en los últimos años, es normal que la película X-Men del año 2000 no sea de las primeras mencionadas en esta conversación. Sin embargo, después de años difíciles para el género, tanto en la pantalla grande como en los cómics, Bryan Singer y FOX llegaron para darle nueva vida al cine de superhéroes.

La década de los 90s fue una complicada para los superhéroes. Historias poco memorables o controversiales en los cómics, como la muerte de Superman. Películas que se acercaban más a una comedia mala que a una película de superhéroes, como Batman y Robin (1997) y Steel (1997). Sin lugar a duda no fueron los mejores años para ser un fan de cómics, pero quien peor sufrió esa década fue Marvel, que tuvo graves problemas financieros durante esos años y tuvo que vender muchos de los derechos de sus personajes a diferentes casas productoras.


Cuando hoy en día ven noticias hablando de temas como Disney comprando Fox o Marvel Studios y Sony luchando por los derechos fílmicos de Spider-Man, es por la quiebra de Marvel en los 90s. Este es el origen de todo esto. ¿Por qué ya no íbamos a ver a Tom Holland con los Avengers? ¿Por qué no podemos ver a los mutantes con Iron Man y Cap? Pues justo fueron los X-Men el grupo más grande de personajes que Marvel vendió, y fue FOX el comprador de ellos. Pero no fue hasta el año 2000 que decidieron llevar a la pantalla grande a unos mutantes que tanto éxito les habían dado en la televisión con una serie animada que muchos de nosotros recordamos con mucho cariño. El joven director Bryan Singer sería el elegido de llevar a cabo esta primera entrega y desde ese año el género de cine de superhéroes no volvería a ser el mismo.

X-Men, escrita por David Hayter, no es una historia de origen como las que es normal que veamos hoy en día. Singer y Hayter decidieron no tomarse el tiempo para enfocarse en como la escuela de Charles Xavier (Patrick Stewart) comenzó y cómo fue que los mutantes descubrieron sus poderes. El único contexto de origen que podemos ver es el del villano Magneto (Ian McKellen), considerado por muchos más bien un antihéroe. Él es un sobreviviente del holocausto y en su memoria quedó grabado por siempre la discriminación que grupos de minoría pueden llegar a sufrir sin razón alguna más que prejuicios.


En esencia esto es lo que los cómics de los mutantes siempre han querido contar. Un grupo de superhéroes hechos a un lado por la sociedad, por ser considerados diferentes y peligrosos. Qué irónico que así fuera incluso en el Marvel Cinematic Universe donde terminamos por ver a muchos de los héroes mientras X-Men estaba a un lado en su propio universo. Pero, así como Magneto tiene sus maneras de enfrentar este trato, está su contraparte. El Profesor X busca lo mismo que su “viejo amigo”, la inclusión de los mutantes a la sociedad. Acabar con la discriminación. La diferencia entre ambos es que Magneto lo quiere lograr sin importar el costo, mientras que Xavier tiene siempre su moral hasta cierto punto deteniéndolo.

No es una lucha de bien o mal, es una lucha de ideologías. Son dos rutas distintas para llegar al mismo camino (piensa MLK y Malcolm X). Es esto lo que hace a los dos protagonistas de X-Men personajes tan interesantes, pero en lo personal creo que al ser un villano/antihéroe, Magneto es el más complejo e interesante. Sin duda uno de los personajes más interesantes de Marvel. El casting de Stewart y McKellen no solo es individualmente perfecto, pero la química entre estos “viejos amigos” es increíble.


Lo que tiene X-Men que la hace envejecer tan bien es que esta temática central no parece tener fecha de caducidad. Tristemente pareciera que siempre tiene que haber un grupo de personas el cual es discriminado y tiene que luchar por sus derechos. Esto fue lo que Bryan Singer entendió a la perfección. No es que su dirección sea impecable, pero si su entendimiento de los mutantes. Desde los primeros minutos vemos cómo el gobierno quiere tenerlos registrados y hasta robados de sus derechos humanos.

El entorno dramático que mueve las motivaciones de ambos lados, Xavier y Magneto, está claro, pero la historia puede llegar a tener momentos en los cuales no entendemos muy bien las decisiones, especialmente de los villanos. No es hasta el tercer acto que podemos descubrir como la hermandad de mutantes malvados quiere lograr su objetivo. En momentos incluso el mismo objetivo es un poco abstracto. Esto termina afectando más a los X-Men, ya que su historia termina por basarse en una premisa muy básica de “rescatar a X persona”.


A pesar de convertirse en ese hilo conductor básico de rescatar a alguien, el grupo de superhéroes elegidos para esta entrega nos da para momentos muy divertidos. Si bien vemos a muchos mutantes en la escuela, la historia se centra en Cyclops (James Marsden), quien es claramente el líder, Wolverine (Hugh Jackman), que llegar para desafiar su autoridad, Storm (Halle Berry) y Jean Grey (Famke Janssen). La dinámica o hasta rivalidad entre Cyclops y Wolverine, conducida por Jean Grey, es de lo mejor que vemos en personajes que no están tampoco extensamente desarrollados. La química entre ellos hace que el poco desarrollo no termine afectando por completo a la película.

El mutante que los X-Men quieren rescatar es a una joven Rogue, quien es la que le da una dimensión adicional de humanidad a la historia. Ella es la única a la que podemos ver al momento de descubrir sus poderes y lo aterrador que puede ser para estas personas. Lo que sí deja mucho que desear es la actuación de la actriz Anna Paquin. Es un personaje muy interesante en el que se deciden enfocar, pero puede ser difícil sentirlo por una actuación algo mediocre. Si logra brillar en algunas escenas es sin duda cuando está acompañada de Wolverine, personaje que se terminaría de robar los corazones de todos durante 17 años, por la actuación memorable de Hugh Jackman.


X-Men es una película que si ves hoy vas a pasar un buen rato, sin embargo, si se puede llegar a sentir un poco vieja visualmente hablando. Claro, son 20 años desde que salió, pero hoy en día uno puede ver la trilogía original de Star Wars o Back to the Future y nos seguimos fascinando. En este caso los efectos visuales no lograron envejecer del todo bien. Lo mismo en las escenas de acción. Son bastante creativas para demostrar los poderes de cada mutante y también son bien dirigidas, pero el uso de efectos de sonido si llega a ser muy malo y la hace ver (o escuchar) como una película de los 60s.

El impacto que ha tenido X-Men es innegable. Se puede decir mucho sobre lo que hizo FOX años después con la franquicia y cómo terminó en una nota bajísima, pero su manera de comenzar a cambiar el género de superhéroes en el cine se debe tener siempre muy presente. 20 años después la seguimos viendo con mucho cariño y es difícil no poder disfrutar de este cast tan perfecto. Lo único que nos queda ahora es esperar que Marvel Studios pueda entregarnos muy pronto un cast igual de memorable con esa esencia mutante que Bryan Singer llevó a los cines.