• Josu Cantu

Reseña Wonder Woman 1984

Viaje al pasado.


La nostalgia vende. Si hay algo que es cierto en esta vida es eso. Pareciera que desde que Netflix y Stranger Things nos llevaron a los 80s, todos quieren replicar la fórmula donde por puro factor nostálgico nos vemos envueltos en historias de lo que parecieran ser tiempos mejores. Wonder Woman para bien y para mal es uno de esos viajes, y nos regala un claro homenaje a las producciones de superhéroes que hoy podemos ver y hasta risa nos da. Esto funciona…en partes, y Wonder Woman 1984 se queda corta de las expectativas que su predecesora del 2017 nos dejó.


Dirigida una vez más por Patty Jenkins, esta secuela nos lleva en un salto en el tiempo hasta el año titular. Diana Prince sigue aprendiendo a vivir en este mundo, pero su mirada en el cielo en busca de Steve Trevor (Chris Pine), no le permite voltear hacia delante y establecerse por completo en la actualidad. Cuando un misterioso artefacto aparece en el museo donde trabaja, su mundo, y el de todos, se empieza a desenvolver y comienza una aventura tan mística como hasta el cómic más fantástico de nuestra superheroina.


Wonder Woman 1984 es una película que no solo está ambientada en esa década, pero su dirección y edición la hace sentirse como una comedia ochentera al estilo Bill and Ted o Ferris Bueller’s Day Off. Esto puede o no funcionar para la audiencia. Algunos sentirán que se siente un tono hasta ridículo o tonto, yo personalmente siento que Jenkins buscó que esto se sintiera como una película de época. Sin embargo, no siempre toma ese tono y a veces se siente un regreso a la actualidad que no va bien con el tono establecido al principio de la cinta.


Parte de este salto en el tiempo, y el regreso de Steve Trevor, quiere decir que verás las obligadas escenas de descubrir este nuevo mundo junto a Diana. Esto da para una película en gran parte de romance. Wonder Woman 1984 se enfoca más en mostrar la humanidad de un personaje conocido por su divinidad. La acción toma un asiento trasero en esta película y solo se asoma cuando es estrictamente necesario. La falta de acción seguro va a molestar a algunos, pero donde sentí más impacto negativo fue en el ritmo de la película, principalmente en el segundo acto, que se siente que fue alargado al punto que la producción ya no supo cómo cortar para hacer coherente la historia. Sin embargo, esto no llega a ser tan malo gracias a la increíble química entre Chris Pine y Gal Gadot.


Los villanos son otro recurso que utiliza la película para sacar la humanidad de Diana. Más que retos físicos, son adversarios que la desafían en lo psicológico. Pedro Pascal como Maxwell Lord es un villano sin superpoderes, muy a la Lex Luthor pero con más carisma que encaja a la perfección con esta historia. Pascal da una interpretación divertida y creíble, por más cheesy que se llegue a sentir. Es un villano de antaño con planes ridículos y el actor lo lleva a cabo de manera estupenda. Kristen Wiig es el villano que justifica muchas de las escenas de acción y funciona como un recurso que obliga a la historia a poner a Diana a aprovechar al máximo sus poderes. Tanto Wiig como Pascal son villanos que elevan la película tanto por sus interpretaciones como por sus motivaciones naturales.


Otro de los puntos donde creo que falla WW84 es en aspectos más técnicos como sus efectos. Son exageradamente inconsistentes y en ocasiones se ven del nivel de una película de la época que quieren replicar. Jenkins demuestra que ha mejorado en su habilidad para dirigir secuencias de acción, pero el equipo de efectos visuales le queda a deber al grado que te termina por sacar de lo que pudieron ser grandes escenas. Lo más rescatable de algunas de estas secuencias es que en momentos Gadot da miradas al pasado de la Mujer Maravilla original, Lynda Carter.


Wonder Woman 1984 es una película de superhéroes que busca situarse en su propio mundo pequeño. Es una historia que no depende de nadie más e intenta demostrar que el género puede vivir de historias independientes sin tener que conectar a un universo mucho más grande. Sin embargo, no logra el nivel de entretenimiento que estas películas en solitario deberían de ofrecer. Con un ritmo muy inconsistente, la secuela se queda corta de superar una primera entrega que sitúo a Gadot como la Mujer Maravilla que todos amamos. Si bien ya tiene ese papel adueñado y es una Diana Prince perfecta, su película está lejos de serlo.