• Josu Cantu

Reseña Mank

La amas o la odias.


Desde hoy puedo decir que Mank va a ser una de las películas con más nominaciones a premios el año que viene. En una tormenta perfecta de un año con pocos estrenos, director y elenco de renombre, y una historia sobre la industria cinematográfica (que si hay algo que la Academia ama son películas sobre hacer películas), la nueva producción de David Fincher va a estar en boca de muchos artistas que suban al podio a anunciar nominados y ganadores. Dicho esto, Mank va a ser esa película premiada a la cual muchos fanáticos del cine le van a aplaudir desde sus casas, pero que la gran mayoría va a estar cuestionándose “¿Por qué? Ni está tan buena.”


Y no es que Mank sea mala. Al contrario, es una gran película y un deleite ver en pantalla. Lo que va a dividir al fandom “casual” o no tan apasionado a la industria, es la temática en sí. La historia gira alrededor del olvidado guionista Herman J. Mankiewicz “Mank” (Gary Oldman), quien, al menos según David Fincher, fuera el escritor original de una de las películas más importantes y famosas de la historia: Citizen Kane de Orson Welles. Si bien la trama nos muestra a Mank mientras corre contra el reloj para terminar su guion, la película no se centra tanto en la historia detrás de Citizen Kane, sino que está más enfocada a enseñarnos la situación política de los años 30 y como influyó tanto en la época dorada de Hollywood. ¿Necesitas contexto para entender al 100% la película? Sí. ¿Mucho? Probablemente. ¿La puedo disfrutar sin el contexto? También.


Es por esto que es probable que Mank no sea amada por muchas personas, y que digan que no entendieron mucho de lo que sucedía o la consideren como el famoso termino “una película lenta”. Pero esto último para mí sería un crimen, pues una de las mejores cosas que logra Fincher es un ritmo espectacular, cuando lo necesita, contando casi una década completa en la historia de Hollywood. A través de flashbacks, vemos desde los clásicos backlots, que hoy en día ya solo encontramos replicados en Universal Studios, hasta cenas íntimas de magnates de la industria y de la política. Ninguna escena es desperdiciada pues son elegidas con precisión para entender que fue lo que influyó al guionista a escribir Citizen Kane.


Visualmente es una película hermosa, y no en la manera pretenciosa de “es en blanco y negro entonces ya es perfecta”. Sí, Fincher rinde homenaje al cine clásico, pero no lo hace grabando en B&N y ya, las tomas elegidas son parte del homenaje también y funcionan de gran manera para un espectáculo visual que será un placer revisitar más de una vez. Combinado con una excelente dirección de Fincher como ya lo podemos esperar siempre, el valor de producción de Mank es muy fácil de apreciar.


En cuanto al elenco, quien se roba por completo cada una de sus escenas es Gary Oldman. Amanda Seyfried y Charles Dance dan grandes actuaciones, pero la verdadera estrella es (y será en la temporada de premios) Oldman. No debe ser fácil interpretar a un guionista que más de la mitad de la película está completamente alcoholizado, y al mismo tiempo mostrarnos un lado un tanto triste de un hombre que quedó completamente en el olvido por su trabajo en lo que muchos llaman la mejor película de todos los tiempos.


Sin embargo, por más que el elenco haga un trabajo espectacular, no hay mucho más que puedan hacer cuando el guion no logra hacernos sentir mucho por sus personajes. El homenaje de Mank hacia Hollywood en los años 30 es claro, y no cabe duda que Fincher quería reconocer el trabajo de Herman J. Mankiewicz, pero se termina quedando corto en lograr que nos importen sus protagonistas. En momentos parece como si los personajes estuvieran ahí para complementar al entorno y al evento histórico que estamos viendo, pero con ellos solo alcanzamos a explorar la superficie.


Todo esto es irónico porque en una de las escenas vemos a Louis B. Mayer (co-fundador de MGM), diciéndole a los hermanos Mankiewicz su visión creativa. “¿Qué me hace llorar? Emociones. ¿Dónde siento las emociones? Aquí (apunta al cerebro), aquí (corazón), y aquí (ya saben a donde más señaló).” Mank es visualmente hermosa, dirigida de manera fenomenal, actuaciones grandiosas, pero con una gran ausencia sentimental que termina afectando a sus personajes. Para una historia de un guionista que fue olvidado por (casi) todos, faltó sentir algo “aquí” y “aquí”.


Sin necesidad del tercer “aquí”.